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El amor no se encuentra. Se construye

Hubo un tiempo en que creí que amar era suficiente, que cuando dos personas se elegían de verdad todo lo demás terminaría acomodándose solo. Hoy sé que estaba equivocado: el amor es apenas el comienzo.

Porque el amor, si no se cuida, también se desgasta, no porque deje de existir, sino porque deja de sentirse seguro. Amar no es convencer al otro de quedarse. Es construir un lugar donde quedarse tenga sentido. El amor no cambia a nadie, pero puede volverse el espacio donde ambos elijan cambiar, no por miedo, no por obligación, sino porque cuidar también es una forma de amar.

Construir un amor es aprender a decir "no entiendo lo que sientes, pero quiero entenderlo". Es quedarse cuando sería más fácil tener razón. Es escuchar antes de responder, abrazar antes de defenderse, elegir la verdad aunque incomode, porque la verdad puede doler, pero las mentiras terminan destruyendo el lugar donde el amor descansa.

Construir tampoco significa ignorar las heridas. Significa recogerlas, mirarlas, nombrarlas, y preguntarles qué vinieron a enseñarnos, no para volver a vivirlas, sino para no necesitarlas otra vez.

Ya no sueño con un amor perfecto. Sueño con uno humilde, con el valor de pedir perdón y la ternura de aprender a perdonar. Uno que entienda que algunas veces uno sostiene al otro, y otras veces es el otro quien lo sostiene a uno, porque ningún amor sobrevive cuando solo uno construye.

Y por primera vez no tengo prisa. Las casas que duran muchos años no se levantan en una tarde: necesitan tiempo, paciencia, trabajo, y manos que no huyan cuando aparezcan las grietas.

Hoy quiero convertirme en alguien capaz de construir ese amor, no porque ya lo sepa todo, sino porque por fin entendí que amar también se aprende. Y si algún día la vida vuelve a cruzar nuestros caminos, me gustaría que ya no nos encontráramos solo enamorados. Me gustaría encontrarnos preparados.