I
Antes de la luz
Poema próximamente.
Sobre estos poemas
Escribo mucho sobre el amor. Quizás porque pocas experiencias humanas tienen la capacidad de mostrarnos con tanta claridad quiénes somos. Durante mucho tiempo pensé que amar profundamente significaba intentar comprender al otro incluso cuando no entendía lo que estaba ocurriendo. Buscar razones detrás de sus silencios, de sus ausencias, de sus contradicciones. Pensar que quizás necesitaba tiempo, espacio, paciencia o simplemente ser comprendido un poco más.
Y hay algo hermoso en intentar comprender a quien amamos. Pero también existe un límite difícil de reconocer, y es cuando comprender al otro comienza a significar dejar de escucharnos a nosotros mismos. He aprendido que amar no es el problema.
No creo que el amor romántico sea un error, ni que entregarse profundamente a un vínculo sea una debilidad que debamos corregir. Sigo creyendo en esa extraña decisión de compartir la vida con alguien, en permitir que otra persona nos conozca de cerca, nos confronte, nos incomode, nos acompañe y, en ese encuentro, nos obligue también a conocernos mejor.
Una relación puede ser uno de los grandes lugares de transformación de nuestra vida. Nos enseña a cuidar las palabras, nos enseña de empatía, a negociar nuestras diferencias, a permanecer cuando algo incomoda y a construir ese pequeño mundo de códigos, recuerdos, costumbres y significados que solo dos personas comprenden completamente.
Pero construir juntos no debería exigir desaparecer individualmente. Tal vez por eso escribo poemas. Porque hay cosas que la razón comprende mucho antes que el corazón. Podemos saber que algo terminó y seguir sintiéndolo. Podemos aceptar que debemos marcharnos y todavía querer quedarnos. Podemos reconocer que alguien ya no puede acompañarnos y, aun así, conservar intacta durante algún tiempo la parte de nosotros que lo amó.
El corazón no siempre camina al mismo ritmo que la mente. Y no creo que haya que avergonzarse de eso. Me interesa aprender a amar sin abandonarme. Poder entregarme sin desaparecer. Comprender al otro sin convertir cada herida en una explicación. Irme cuando permanecer significa traicionarme y, aun después de haber sido herido, conservar la capacidad de confiar.
Porque quizá una de las consecuencias más tristes del dolor no sería perder a alguien, sino permitir que lo ocurrido nos convenza de que nunca más vale la pena creer en nadie. Estos poemas nacen en ese territorio. Entre el amor y la pérdida. Entre quedarse y saber marcharse. Entre lo que la mente ya entendió y lo que el corazón todavía está aprendiendo a soltar. No pretenden explicar el amor. Son, simplemente, una manera de atravesarlo.
Leer
I
Poema próximamente.
II
Poema próximamente.
III
Poema próximamente.
Hay historias que fotografío. Otras necesito escribirlas.
Próximamente
Estoy trabajando en una selección de poemas escritos alrededor del amor, la pérdida, los vínculos y aquello que aprendemos sobre nosotros mismos cuando algo cambia, permanece o termina. Una colección íntima para leer despacio y, quizás, encontrar entre sus páginas alguna emoción que también haya sido tuya.
Una colección en PDF de poemas sobre el amor, los vínculos y la pérdida.
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